Salón, caja, encargado y dueño en un solo sistema. Para lo que trae el código impreso y para lo que viene por modelo, color y talle.
15 días de prueba, sin tarjeta
Quince días gratis para probarlo con tus propios números, sin tarjeta. El precio está en dólares y se cobra en pesos al cambio del día.
El lector y las variantes están en los cuatro. Lo que cambia con el plan es cuánta gente entra, y cuánto para atrás puede mirar el dueño.
El precio que tomás hoy te queda congelado. Si el plan sube, vos seguís pagando lo mismo mientras no lo des de baja.
Buscando los precios…
Todo lo del anterior, y además
Todo lo del anterior, y además
El que te dice con qué ganás plata.
Todo lo del anterior, y además
La prueba no pide tarjeta. Si al terminar querés seguir, ahí elegís cómo pagás: transferencia o tarjeta de crédito.
El vendedor atiende. El cajero cobra. El encargado repone. Vos mirás los números. Cada uno entra con su PIN y ve sólo su parte.
Atiende, no cobra
Cobra y cierra su turno
Compra, recibe y etiqueta
Todo, más la plata
Cuatro talles por tres colores. Escribís el modelo una vez, tildás los talles y los colores, y salen las doce filas con su código cada una. Después preguntás «negras talle M» y te dice tres, no «tengo remeras».
Un juguete viene en dos colores y no tiene talle: usa el color y deja el talle vacío. Un libro no tiene ninguna de las dos: es un producto solo, con su código impreso. Y el orden de los talles lo ponés vos: S, M, L o 38, 40, 42. El sistema no adivina.
Todos los planesAsí se lleva hoy. Y cuando piden la remera negra talle M, el autito rojo o el cuento de la tapa azul, hay que ir al depósito.
Un libro trae su código impreso. Un juguete de fábrica también. Con un lector USB de los baratos, o con la cámara del teléfono, escaneás y sale: qué es, color y talle si tiene, precio y cuántos quedan.
Y al que no trae código —lo hecho a mano, lo importado, lo suelto— le imprimís uno en una hoja A4 con la impresora que ya tenés. Vos elegís cuántas etiquetas por hoja.
Todos los planes| S | M | L | XL | |
|---|---|---|---|---|
| Negra | 4 | 3 | 6 | 2 |
| Blanca | 5 | 0 | 2 | 4 |
| Gris | 1 | 2 | 0 | 3 |
No hay que cargar nada aparte: sale de las mismas ventas que ya hacés todos los días.
El stock baja con cada venta y sube con cada remito que entra. Por modelo, por color y por talle.
Todos los planesCada producto tiene su mínimo. Cuando lo cruza, el sistema avisa — no cuando ya no queda ninguno.
Todos los planesContás la góndola contra el sistema y ajustás la diferencia. Lo roto, lo robado y lo manchado quedan anotados.
PRO FullLo que más sale y lo que está parado, modelo por modelo. Casi nunca es lo que uno creía.
FullCada vez que cargás un remito, el sistema se acuerda de a cuánto te lo vendió ese proveedor. Con eso te dice quién te vende más barato cada producto, sin revisar remitos viejos ni acordarte de memoria.
Pero el más barato no siempre es el que conviene, y eso lo sabés vos. Por eso cada proveedor tiene sus observaciones. El sistema pone el número; la decisión sigue siendo tuya.
Proveedores y comparador PRO Full
Pegás el código en la vidriera y el que entra ve tus productos con sus colores, talles y precios, como una revista: la tapa, el índice, una hoja por categoría. No ve stock ni costos: sólo si hay o no hay.
Al final, «Contanos cómo te fue»: cinco estrellas y un renglón. Todos pueden dejarla también en tu Google, sea la nota que sea: así lo pide Google, y así te cuida la ficha. Y las de tres o menos las leés vos, con el comentario, a tiempo para arreglarlo.
Es la revista de una tienda de ropa con datos cargados; ésta es la de una juguetería. Se ven igual que la que tendrías vos. Full
Necesitás tener tu ficha de Google y cargar su link una vez, en tu panel. Sin eso las reseñas te llegan igual, pero a Google no va ninguna.
¿A cuánto tenés que vender? Cargá lo que gastás en el mes y tus productos con lo que vendés de cada uno. En tres minutos sabés cuánto te deja de verdad cada cosa.
Ejemplo con $ 850.000 de gastos y 220 unidades al mes. Cargás los tuyos y te da los tuyos. Es la misma cuenta que usa el sistema adentro, abierta para cualquiera.
Poner en manos de cualquier comerciante de barrio, sin importar el tamaño de su negocio ni el de su bolsillo, las herramientas que hasta hoy sólo tenían los grandes. Simple de usar, fácil de entender y con un precio que tiene sentido para el que recién abre, para el que lleva años y para el que atiende con su familia.
Ser el sistema de gestión más humano del mundo hispano. No el más grande. El más cercano. El que entiende que detrás de cada mostrador hay una persona que apostó todo, que trabaja duro y que merece una herramienta a su altura.
Knife, Fire & Brain nació en un bar. En 2015 Andrés tenía uno — no una cadena, no un restaurante de moda: un bar de pueblo, con su gente, su ruido y su caja que nunca cerraba sola. Buscó un sistema que lo ayudara a ordenar todo y lo que encontró fueron herramientas pensadas para otro mundo: complejas, frías, carísimas. Nadie le ofreció lo que necesitaba, así que decidió crearlo él.
Después vino el kiosco, y después la tienda: la juguetería, la de ropa, la librería. Ahí el problema es otro: el código que ya viene impreso en cada cosa y nadie aprovecha, y la remera que en el cuaderno es una sola y en el estante son doce — cuatro talles por tres colores. Este sistema es para contar ésas.
Cada cosa que ves acá existe porque hizo falta en un mostrador de verdad, no porque quedaba bien en una lista de funciones. Hecho por un comerciante, para comerciantes.
Éxito con tu tienda.
No te preocupes por la organización,
nosotros te la facilitamos.
Vos encargate de tu sueño.
Rompela atendiendo, vendiendo
y creciendo.
Abrazo grande,
Andrés